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Mar

Ultimando las ermitas del Via Crucis.

Mientras los sikuris recibían la bendición para subir al cerro y otros cientos de redobles y de cañas sobrevolaban Tilcara preparando la peregrinación, otras manos seguían pegándole pétalos, frutos, tierra, ramas o chala a sus ermitas. Así se vive el comienzo de esta Semana Santa en la que se cumplen 43 años de la entronización de la imagen de Copacabana que asciende al cerro por Tilcara, en la que se calcula que participan ya casi ochenta bandas de sikuris.
El trabajo meticuloso de urdir con elementos naturales las imágenes que parten de diseños ya bocetados, el mismo hecho de reunirse a trabajar en una ofrenda que se verá este viernes, hacen al espíritu de estas pascuas de Tilcara tanto como el sonido de las cañas y la peregrinación. También, como siempre sucede, el tema tiene sus tabúes.
Como el vestido de una novia antes de su fiesta, se dice que no debiera verse la ermita antes del momento en que engalana ya la calle por la que pasará, en hombros de los fieles, la imagen de la Dolorosa. Si acaso se nos permite ver como se trabaja o colaborar, no se nos deja sacar fotografías, cosa que respetamos también como una forma de cuidarnos.
En cambio pudimos acceder al boceto de una de ellas, la que realizaron los docentes y alumnos de los Talleres Libres, obra del pintor José Luis Cano. Para el que la vea aquí, verla luego en la esquina de la comisaría será una posibilidad para apreciar la distancia que hay entre el boceto que la imaginó, con una obra amarrada a cierta técnica De este modo, Tilcara espera el regreso de sus peregrinos y de sus sikuris, muchos de los que, aún con su cansancio a cuestas, se sumarán a los últimos toques que requieran las ermitas: esa fe encarnada en una obra plástica, abierta a quien camine por Tilcara en Semana Santa.

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